Ensalada de salmón y pera


Día 1: Un par de pequeñas hormigas recorren el suelo de la cocina, inofensivas. Las miro y las dejo pasear. Van tranquilas, sin prisas.

Día 2: Las hormigas ya se han familiarizado con el territorio y han invitado a algunas amiguitas. Ya no me caen tan simpáticas. Las piso para evitar males mayores.

Día 3: Las hormigas han llegado hasta la encimera. No son muchas, pero van tomando posiciones. Empiezo a imaginar que se trata de un grupo de exploradoras, una avanzadilla de un ejercito en busca de territorio para conquistar, en busca de una despensa llena de manjares para aprovisionarse para el invierno. Limpio la encimera, no le doy mayor importancia al asunto.

Día 4: Un ejercito de hormigas, de nuevo, recorre la encimera. Maldita sea ¿pero que habrán encontrado? No hay nada. Sigo el recorrido, se pierden por el armario del fregadero. ¡El cubo de la basura! Retiro la basura, limpio el armario. Busco el punto de entrada a la cocina, lo tapo. Estoy convencida de que he ganado la guerra.

Día 5: Un ejercito de hormigas recorre la cocina de nuevo. Han buscado otra pequeña grieta en la ventana/pared. Se olvida del cubo de la basura, vacío y limpio, por cierto. ¿pero dónde están ahora? La fila sube por el armario del frigorífico, ¿entra en el armario de los tuppers? pero si ahí no hay comida. Falsa alarma. ¿Dónde están? Sigo la línea de armarios superiores. ¡La miel! Lo imagino antes de abrir el armario. Allí están, dándose un banquete las muy glotonas. Saco todas las comidas, reviso, limpio, tiro. Rocío la ventana con matacucarachas, que es lo que tengo a mano. Taco la grieta casi invisible de la ventana/pared.

Día 6: Entro en la cocina con desconfianza, dispuesta a una nueva batalla. Parece que el enemigo se ha batido en retirada. ¿Habré ganado? Tendré que estar unos días alerta. 

A veces, la cocina puede ser un lugar muy desasosegante. 

Esta ensalada es una de mis favoritas y disfruto mucho comiéndola y, también, mientras la preparó porque ya empiezo a imaginar lo buena que va a estar.  Admite variaciones pero siempre lleva: una fruta, tipo pera o melón, algún queso y mostaza a la antigua. Estos tres ingredientes nunca faltan y son la clave para mi. Los demás la enriquecen, a veces demasiado.

En este caso, me ha quedado suave ya que he puesto queso fresco y nada de frutos secos. La despensa estaba flojeando.

Número de personas: para 2 personas

Ingredientes

  • 1 bolsa de ensalada variada
  • 50 gramos de salmón ahumado en tiras
  • 100 gramos de queso fresco
  • 1 pera 

Para elaborar la vinagreta:

  • 1 cucharada de mostaza a al antigua
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
  • Sal al gusto

Preparación de la vinagreta: Mezclamos todos los ingredientes y movemos bien para que se disuelva la mostaza con el aceite. Aunque el aliño de esta ensalada es muy sencillo me gusta prepararlo antes de incorporarlo a la ensalada para que después la mostaza se reparta entre todos los ingredientes. 

Realización de la ensalada: En una fuente ponemos la ensalada variada, el salmón en tiras, el queso fresco y la pera partidos en dados. Añadimos la vinagreta y removemos para repartir bien el aliño. 

Sencilla y muy buena.  


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25 Respuestas a “Ensalada de salmón y pera

  1. Pingback: #Operación bikini | Azafrán y Pimentón

  2. Una ensalada sencilla, apetitosa a la vista y al paladar …la probaré Rosa.
    Un beso

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