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Risotto de calabaza

Desde que el maestro Vázquez Montalbán nos presentase a su detective gourmet, Pepe Carvalho, son muchos los escritores de novela negra que han dejado un hueco para la cocina en sus novelas. Así, me encontraba y0 leyendo «Muerte en un país extraño» de Donna León cuando el comisario Brunetti llegó a casa.

Le saludó un efluvio de cocina en el que se mezclaban distintos aromas. Hoy distinguía el olorcillo a barucca. Paola preparaba, pues, risotto con zucca, una hortaliza propia de la estación que traían de Chioggia, al otro lado de la laguna, donde se cultiva esta calabaza rechoncha de piel verde oscuro(…)

Destapó la gran sartén y descubrió los pedazos de calabaza que se rehogaban con la cebolla picada(…)

En la cocina, Paola removía el risotto al que, de vez en cuando, agregaba un chorro del caldo que hervía en otro fuego(…)

Apagó el fogón del risotto, le agregó una buena porción de la mantequilla que tenía en la repisa y lo cubrió con el parmesano reggiano rallado de un platillo. Removió hasta que ambos ingredientes se disolvieron en el arroz y echó este en una fuente honda que puso en la mesa. Apartó su silla, se sentó y volviendo el mango de la cuchara hacia su marido exclamó: Mangia, ti fa bene.

(La letra en cursiva corresponde a un extracto de la novela «Muerte en un país extraño» de Donna León. Edición de 2009 de Seix Barral. Traducción de Ana Mª de la Fuente).

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Tortellini con mantequilla (pasta al burro)

Los domingos por la mañana son especiales, me parece como si no se fueran a acabar nunca y me da tiempo a hacer un montón de cosas. Si estoy en casa aprovecho para marujear (dejo el enlace al DRAE para que investiguen, porque sí sí, está aceptado): poner lavadoras, cocinar algo, echar un vistazo a mis plantas que han estado olvidadas toda la semana, escribir en el blog (ja,ja).

El otoño está siendo bueno para mis macetas. Está lloviendo mucho y las temperaturas están muy altas, así que se mantienen el esplendor que han tenido durante el verano gracias al riego por goteo.

Ahora, el huerto ya es otra cosa. Visto con ojos ajenos lo podemos considerar un fracaso absoluto pero como soy la madre de la criatura os diré que algún rabanito hemos podido comernos y también espinacas. Las lechugas no han agarrado ninguna. No me he rendido, es un proyecto a largo plazo en el que voy aprendiendo.

Voy a aprovechar que el día ha salido soleado para plantar nuevas semillas y aplicar los conocimientos aprendidos: con los chaparrones otoñales tengo que proteger con plásticos las plantitas porque sino mueren en los primeros días. Así lo he hecho con unas semillas de perejil y de cilantro que planté hace unas semanas y van creciendo felices. Y feliz que va a estar mi madre que le encanta usar el cilantro.

Para la receta de hoy me hubiera venido muy  bien tener una plantita de salvia (tomo nota para buscarla o comprar semilla), pero como no es el caso y cuesta trabajo encontrarla el mercado, pues he hecho una versión local: la he sustituido por romero.

La pasta con mantequilla es una receta tradicional italiana que nunca había probado y he de decir que su sencillez no está reñida con su sabor. Tradicionalmente realizada con mantequilla y salvia, hay que tomarla recién cocida la pasta. Además, la puedes preparar en 10 minutos.

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Galletas de zanahoria

En cuanto vimos las galletas de zanahoria que había hecho SandeeA en «La receta de la felicidad» nos quedamos encantados y dispuestos a aprovechar la primera oportunidad para hacerlas. El proceso ha sido laborioso como ya iremos contando, el resultado unas galletas deliciosas y con peligro de crear adicción. En cuanto al aspecto es mejorable y con la sensación de que quizás le faltaba un poco de harina a la masa. Habrá que ir probando.

Número de personas: Para 12 galletas dobles

Ingredientes:

Para la galleta:

– 100 gramos de mantequilla
– 100 gramos de azúcar
– 150 gramos de harina
– 50 gramos de zanahoria
– 1 cucharadita de canela
– 1 cucharadita de clavo
– 1 cucharadita de sal

Para el relleno:

100 gramos de queso blanco para untar
50 gramos de azúcar glas

Preparación de la masa: Para hacer las galletas, la mantequilla tiene que estar fría, la partimos en trozos y la mezclamos con el resto de los ingredientes: el azúcar, la harina, las zanahorias, canela, clavo y sal. Amasamos hasta que están bien ligados los ingredientes.

Realización de las galletas: Ponemos la masa entre dos papeles de hornear y la aplanamos con la ayuda de un rodillo hasta que tenga el grosor deseado, aproximadamente 0,5 cm. Llegado este momento, tenemos que cortar las galletas. La mantequilla ha empezado a reblandecerse y ponerse caprichosa. Llevamos la masa, entre papeles, al congelador durante diez minutos. Al sacarla estará endurecida y podremos despegar las galletas del papel sin que pierdan la forma dada con el corta pasta. Las colocamos en una bandeja de horno forrada con papel de hornear.

En este caso, tuvimos que llevar la masa al congelador en varias ocasiones porque en cuanto la mantequilla se reblandece la galleta pierde la forma. Por esto el proceso fue laborioso y lento. La suerte es que esa tarde estamos armados de paciencia e ilusionados con el resultado. Conseguimos darle forma a todas las galletas.

Cuando hayamos cortado, la primera tanda de galletas, tendremos que dar forma a los recortes, para aprovechar la masa sobrante.

Una vez con todas nuestras galletas en la bandeja, precalentamos el horno a 220ºC e introducimos las galletas durante 10-15 minutos hasta que se vean crujientes. Las sacamos, las dejamos enfriar durante 10 minutos antes de despegarlas del papel y las trasladamos a una rejilla para que se enfríen definitivamente.

Mientras vamos preparando el relleno: batimos el queso con el azúcar glas. La cobertura de la tarta de zanahoria suele llevar también mantequilla pero nosotros preferimos la versión de queso y azúcar solamente. En este relleno hemos hecho lo mismo.

Para finalizar, ponemos un poco de relleno entre dos galletas y presionamos un poco para que se reparta de manera uniforme. Rellenamos todas las galletas y listas.

Presentación: Para las fotos hemos aprovechado una bombonera de cristal transparente que nos permite ver lo vistosas que son estas galletas. Aunque están mucho más buenas de lo que parecen. Os animo a que probéis a hacerla. Con paciencia eso si.

No había añadido clavo a ningún postre y el resultado me ha gustado mucho. Aporta un matiz diferente a la canela que sorprende.